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Cachate Chile !!!!

miércoles, julio 13, 2005

De Cé

Por Pepe Auth
Diario El Mostrador, 13 de Julio 2005.

Director Programa Estudios Electorales.
Fundación Chile 21


Como Militante Demócrata Cristiano, pongo aqui un comentario escrito por Pepe Auth que me parece importante leer. (Extraído del diario El Mostrador, 13 Julio 2005)
La Democracia Cristiana solía ser un partido seguro de sí mismo,
orgulloso de su sintonía ciudadana, volcado hacia la relación con la gente y
con una presencia sin parangón en el tejido social organizado.
Fue protagonista de la movilización social y política en las postrimerías de la
dictadura y en 1989 era un hecho prácticamente indiscutible que uno de sus
líderes debía liderar el primer gobierno democrático. En materia de adhesión
popular se instaló lejos como la primera fuerza política y en la encuesta
del Centro de Estudios Públicos se movió siempre entre 35 y 40 por ciento de
las preferencias ciudadanas desde marzo de 1990 a octubre de 1998.


Su capacidad para representar los anhelos de la mayoría de los chilenos, la
claridad de sus convicciones democráticas, su fuerza organizativa, inserción
en la sociedad real y mística de sus militantes, le permitieron elegir
prácticamente un tercio de la Cámara de Diputados en tres elecciones
sucesivas, desde 1989 a 1997.

Como se sabe, la Democracia Cristiana sufrió una importante derrota
electoral en 2001, perdiendo 14 escaños y cediendo a la UDI su condición de
primera fuerza parlamentaria. Antesala de ese resultado fue el cambio brusco
de su adhesión popular verificado en las encuestas CEP, que en la primavera
de 1998 señalaban aún preferencias de 37% a favor de la Democracia
Cristiana, y al comenzar el otoño siguiente éstas se habían reducido a sólo
18%, cifra que, por lo demás, permaneció relativamente inalterada desde
entonces hasta ahora (en diciembre pasado era del 17%). ¿Qué ocurrió para
que en tan breve plazo prácticamente la mitad de quienes preferían al PDC
dejaran de hacerlo? ¿Qué contrarió a tantas personas al punto de hacerles
perder su identificación con la fuerza política que los había representado
con éxito durante toda una década?

Mi tesis es que ello se debe principalmente a la incomprensión de dos
fenómenos asociados. El primero, que la adhesión a cada uno de los partidos
de la coalición de gobierno fue cediendo paso progresivamente al compromiso
e identificación creciente de la gente con la Concertación mucho más que con
los partidos que la conforman. El segundo, que la política en sus
componentes más vinculados a la administración y ejercicio del poder, fue
perdiendo prestigio y siendo objeto creciente de rechazo ciudadano.

Esta importante caída en la adhesión decé coincide con el periodo en que la
Concertación debatía acerca de su candidatura presidencial para diciembre de
1999. Cuando la gran mayoría del electorado concertacionista identificaba a
Ricardo Lagos como el principal líder de la coalición y sucesor natural de
Frei en la presidencia, la Democracia Cristiana cometió el error histórico
de ignorar el sentimiento compartido por su propio electorado y, en lugar de
anticiparse abriendo paso a un proceso de alternancia interna en la
coalición, emprendieron el camino suicida de parapetarse detrás de una
candidatura sin ninguna sintonía con los tiempos que corrían, forzando a sus
simpatizantes a elegir entre mantener su adhesión al PDC o adherir a Lagos
como nuevo líder de la Concertación. La mitad escogió la segunda opción y,
aunque entonces pensamos que podía ser un hecho provisorio, la conducta
posterior del partido terminó por consolidarlo, instalándose desde entonces
como una fuerza relevante pero claramente minoritaria.

En estos meses la Democracia Cristiana ha recorrido el mismo camino de hace
6 años con Lagos, resistiéndose a escuchar las señales evidentes emitidas
por el electorado concertacionista de que su deseo y convicción era la de
una candidatura mujer a la presidencia. No respaldó a tiempo ni con la
convicción requerida a Soledad Alvear –hecho francamente inexplicable para
sus adherentes- y luego ha condicionado su apoyo a Michelle Bachelet a
eventuales compensaciones parlamentarias y de poder. Es posible que ocurra
nuevamente el mismo fenómeno del '99, y lo veremos ahora en la encuesta CEP,
otra franja ciudadana que se distancia del partido por su impermeabilidad
consuetudinaria a los cambios culturales y sociales.

Es un enorme error de diagnóstico el de quienes imaginan a un segmento
importante del electorado esperando eventuales acuerdos de distribución de
cupos o ministerios, para decidir su apoyo a Bachelet, Lavín o Piñera. La
gran mayoría de los votantes, incluidos los que se identifican con la DC, ya
tomó su opción. Y los que aún no lo hacen, están esperando otras
definiciones más relevantes para sus vidas que los eventuales blindajes
parlamentarios. Los candidatos de la DC al Parlamento saben muy bien que una
prolongada indefinición asociada a la negociación parlamentaria, repercutirá
negativamente sobre sus campañas y su viabilidad electoral. Porque la
principal fuente potencial de votantes para los candidatos de la DC, PS, PPD
o PRSD al Parlamento, es esa enorme cantidad de chilenas y chilenos
–prácticamente la mitad del país- que adhieren con entusiasmo a la
candidatura presidencial de Michelle Bachelet.

Pierde prestigio y, por ende, capacidad de identificar y representar
ciudadanía, todo aquel que aparece poniendo sus ambiciones delante de sus
convicciones, el que se muestra defendiendo cuotas de poder en lugar de
ideas, el que aparece exigiendo coartar la libertad de la gente para elegir
a sus representantes. La inaceptable presión que se ha ejercido sobre
Ricardo Lagos Weber para que no sea candidato no ha hecho otra cosa que
fortalecer su opción. Lo que está ocurriendo ahora es totalmente diferente
al modo en que fue acogida la candidatura de Mariana Aylwin, también hija de
un Presidente al término de su mandato con gran respaldo ciudadano. Entonces
la actitud de Carlos Montes no fue otra que redoblar sus esfuerzos de
campaña, permitiendo a la Concertación elegir dos diputados en La Florida.

Profundiza ese camino de distanciamiento ciudadano la insistencia
democratacristiana de anticipar el resultado parlamentario de diciembre en
varias circunscripciones senatoriales y distritos del país, pidiéndole al
PPD, PS y PRSD que inscriban candidatos débiles que aseguren la elección o
reelección del abanderado DC. Todo ello, como compensación porque el
candidato presidencial no pertenezca a sus filas, como si se tratara de un
capricho o imposición de algún partido y no el resultado de la decisión
ciudadana, que entregó su respaldo mayoritario a Michelle Bachelet.

He escuchado la indignación de muchos democratacristianos que ven
extraviados el orgullo y la dignidad partidaria. Porque es un diálogo
difícil el que tienen con sus electores los diputados y senadores para los
cuales se está pidiendo protección, porque de lo que verdad se busca
proteger es de la propia ciudadanía, del riesgo de que ésta haga el
ejercicio democrático de evaluar su gestión y de juzgarlos emitiendo su
voto.

La tendencia declinante de la DC en el plano electoral no será revertida por
el camino del subsidio y de las protecciones para impedir o limitar la
expresión de la voluntad ciudadana. La vía para revertir ese proceso es
justamente la inversa, saliendo del encierro al encuentro con la gente,
dejándose permear por los cambios culturales que ha vivido el país en las
últimas décadas, renovando su oferta de liderazgos al país, recuperando su
condición de espacio de generación de ideas y su rol histórico de fuerza
innovadora de la política chilena, reinstalándose en el corazón de la
Concertación.

La Democracia Cristiana tiene, por su condición actual, una oportunidad
única, que ya se quisieran las demás fuerzas políticas de la Concertación.
Enfrenta estas parlamentarias con sólo una veintena de diputados a la
reelección y otras cuarenta opciones a lo largo del país para conformar una
lista parlamentaria que dé cuenta de la voluntad modernizadora y de
reencuentro del Partido con la ciudadanía en toda su profundidad y variedad.
La DC no puede desaprovechar esta oportunidad –no habrá muchas- para
reinstalarse en la escena nacional como una fuerza política de proyección
futura.

La Democracia Cristiana ha sido y seguirá siendo, sin duda un actor
fundamental para la Concertación de Partidos por la Democracia. Pero esa
vocación protagónica requiere una fuerza política que no avanza con ayuda de
muletas sino que se para sobre sus propios pies, orgullosa de su historia y
segura de sus convicciones, para buscar sintonía con las demandas y
aspiraciones de la gente, apoyada en ideas y liderazgos que proyecten
confianza en el futuro.




Posted by Felipe Contreras Haye |


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mmm eso pasa cuadno nuetsro Partido se olvido de hacer politica para y con las personas y se encerro en sus malditos lotes y problemas, yo no pertenesco a ninguno soy profundamente humanista cristiano pero cada dia menos militante dc por que muchas veces me da asco, podria escribir mucho, pero prefiero mandarte un ensayo si te interesa que escribi para el encuentro internacional de fundaciones humamistas cristianas.
dime tu email por fa

Posted by Blogger Alberto Precht #  

~Oo°~

Alberto:

gracias por tu respuesta, sopmos dos en la misma. Creemos los Cristianos Demócratas !!!.

fcontreras@vtr.net

Me interesa mucho tu ensayo.

Posted by Blogger Felipe Contreras Haye #  

~Oo°~

Les agradecería a ambos si pueden hacermelo llegar a mi mail: carltorres@surnet.cl
No deja de ser acertado el articulo y no de deja de ser constante el llamado de las bases a fortalecerlas y volver -por que es el termino adecuado- a la sociedad civil, saliendo por fin de este ostracismo.

Carlos
PDC Comunal Coyhaique

Posted by Anonymous Carlos #  

~Oo°~

Me gustaría saber, pese a ser del otro lado de la Cordillera, si me pueen hacer llegar el ensayo a mi también.

Saludos Camaradas, en Comunidad de Ideales

Secretario de la Juventud
PDC - Buenos Aires - Argentina

lucasjdc@yahoo.com.ar

Posted by Anonymous Lucas Ariel Pereyra #  

~Oo°~

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